Una reflexión sobre la crítica y la 'libertad de expresión'.
“El provocador emplea en su obra técnicas 'delicatessen'. Esmero y cuidado en su trabajo para no herir al espectador con sensibilidades manifestadas que entran por la retina hasta llegar al corazón. Puede conseguir hacer reír o puede lograr hacer llorar. Sin embargo en algunos casos afortunado es en poder menospreciar. Parece olvidar, u omite adrede, lo evidente: La exactitud y la honorabilidad; la honradez”.
Cualquier creador de arte debería de preguntarse si su trabajo es capaz, si cabe, de enriquecer la admiración de cualquier observador. Como poco no injuriar la sensibilidad del que mira y simplemente soportar la posible indiferencia.
Desde hace tiempo se emplea el arte como instrumento en denunciar u manifestar, bien sea rechazando o encomiando cualquier aspecto de la sociedad. Y esto a mi me gusta. El crítico que observa la 'libertad de expresión' sospesa con pericia y juzga con imparcialidad. Y esto es necesario.
Ahora bien ¿cómo debe de entenderse un trabajo, o un proyecto, cuando busca ofender u menospreciar una persona, una labor, o un esfuerzo (…), mediante una publicidad que a priori puede hacer reír, o llorar? para luego caer en la cuenta que esta concebido para hacer algún daño mediante técnicas ilusorias; entiéndase con esto, mentiras, exageraciones, o escenas sacadas de contexto que no encajan con la realidad.
El que manifiesta 'libertad de expresión' se expone como es evidente a la crítica. Y el crítico que, bien aplauda, bien rechace, debe de tolerar de entrada la 'libre expresión'. Pero ¿existen limites en ambos casos? Claro que si. A menos que sea un cómico o un artista en técnicas abstractas, el crítico objetivo buscará exactitud y honradez.
El problema es que de cada día que pasa la crítica parece ser más injusta, y la 'libertad de expresión' más hiriente.
*“El pecado, en cualquiera de sus formas, es el oxígeno del mal;
su práctica infla al amo corrompido; y avergüenza, entristece, al que invento el Bien.”
buenos días.