Reflexión: dormirse en los laureles.
“Al verlo perdí las fuerzas cayendo a sus pies, pero él, dándome calor sobre mí con su mano derecha, me dijo no tengas miedo, soy el Primero y el Último, el que Vive, porque morí pero ahora estoy vivo para siempre jamás y tengo las llaves de la Muerte y del Hades” -descripción propia de Apocalipsis 1: 17 y 18.
¡Me encanta esta escena! ¿Se imaginan ustedes al ya envejecido apóstol Juan ver a su querido Maestro con tanta gloria? Porque una cosa es tener fe y esperanza y otra muy distinta es observar esa fe y esa esperanza con tus propios ojos. Porque aunque fuera una visión ésta fue muy vivida. El entronizado Jesús le mira con una cálida sonrisa animándolo y fortaleciéndolo para una nueva misión.
Años antes, en el año 33, pasó algo que, si no se lee bien en el relato del Evangelio sinóptico, casi pasa desapercibido. Me explico.
Hacía unas horas que el día 14 de nisán había empezado, y los problemas también. El momento clave se acercaba aceleradamente. Judas Iscariote se encontraba oficiando su traición. De otro lado el apóstol Pedro cedía a sus impulsos emocionales siendo un problema para Jesús. Incluso durante el transcurso de la Cena del Señor sus discípulos discutieron. Hasta parece como si las dudas de algunos discípulos despertaran en el último momento del ministerio del Maestro, Juan 14: 8 y 9. Para colmo tanta tensión conseguía que sus mentes tropezaran. Lucas 22: 38.
Tantos problemas ocurridos como fuera de guion; como auténticos hongos salidos de repente en tierra húmeda.
Después de aquella cena y en algún lugar dirección camino al valle de Cedrón Jesús oró a su Padre y Dios que está en los cielos, Juan 17: 1-26. De entre varias solicitudes y ruegos se lee lo siguiente “te pido no que los saques del mundo sino que los vigiles a causa del inicuo”. Juan 17: 15. Poco después llegaron al lugar llamado Getsemaní.
La escena ocurrida en ese lugar llamado Getsemaní me resulta muy singular. Muy singular porque creo que Jehová Dios, mediante su poderoso Espíritu Santo, quiso enfatizar un gran problema que les ocurriría constantemente a sus discípulos hasta que viniera la solución definitiva a manos del Reino de Dios. Verán, no puedo evitar preguntarme cuál fue el detonante cuando se lee “remueve de mí esta copa”. Mateo 26:39, Lucas 22: 42, Marcos 14: 36. ¿Cuál debió de ser el detonante? Tal vez, como hijo de Dios, ¿pasó pena por dejarles desamparados ante los ataques del inicuo? o como humano, ¿flaqueó ante la muerte deseando seguir viviendo junto con sus leales?
En ese entorno entre olivos tan íntimo en el que sus discípulos tenían que estar pendientes y orando, pero que en vez de estar pendientes de su entorno terminaron adormilados, Jesús les reprendió diciéndoles ¿por qué duermen? ¡ocúpense en orar! Pero, ¿se dieron cuenta de algo? Tras la tercera vez y mientras se preparaban para cambiar de lugar porque la traición estaba a las puertas, el momento llegó de repente. En un instante de tiempo.
Los sinópticos concuerdan “mientras todavía hablaba” llegó aquella chusma liderada por el traidor Judas. Lo que me llama la atención no és el cumplimiento de la profecía a manos del personaje de Judas Iscariote, Zacarías 11:12; Salmo 55:23, lo que me llama la atención es el factor sorpresa que se describe en la escena. Fueron tres las veces que Jesús exhorta a Pedro, Santiago , y Juan, a ocuparse en orar para no desfallecer de cansancio. Debían de estar alerta junto con Jesús aún en esa distancia de un tiro de piedra que les separaba de él. En esa primera ocasión perdieron las fuerzas. El sueño les venció. Y así las dos siguientes ocasiones. No fueron capaces de estar alerta con el Maestro. Pero fíjense que al concluir la tercera ocasión, y sabiendo Jesús que el momento estaba muy cerca, quería cambiar de lugar, pero de repente una muchedumbre alocada apreció casi sin previo aviso cumpliendo profecía, Mateo 26: 56, Marcos 14: 49. Les pilló de sorpresa. Este es el detalle que me resulta tan singular.
Esta escena tan gráfica me permite entender que el verdadero discípulo de Jehová, luego discípulo de Jesucristo, debe de mantenerse constantemente alerta de su entorno y siendo muy activo. Ya no con temas espirituales o teocráticos a la luz del día, sino más bien con su yo íntimo de cara a su adoración verdadera. Al fin y al cabo el soñar del dormir es un proceso íntimo.
Pedro, ¿te has dormido? ¿no has tenido fuerzas para mantenerte en pie tan solo una hora? descripción propia de Marcos 14: 37b
¡Cuán difícil es no dormirse en los laureles!
* captura "Los Evangelios Sinópticos, cuatro mentes inspiradas" @rbtlrbn




