¿Se imaginan ustedes a algún creyente que le pida perdón a Dios de cara la pared? O tal vez hirió seriamente a alguna persona que conoce, y en vez de pedirle un sincero perdón e intentar por todos los medios subsanar ese daño, opta por orar “de cara la pared”, o incluso flagelarse y luego ejercer indiferencia con la persona en cuestión. Esa persona creyente se imagina -se lo cree- que con esos vanos esfuerzos Dios le perdonará, e incluso, -como por arte de magia-, el herido también le perdonará. Cuando jamás existió un ápice de comunicación a tal efecto. Tan solo se lo cree mediante un “adorno mental”.
No son pocas las personas que creen en Dios y le procesan su adoración, que al momento de un sincero arrepentimiento cualquier esfuerzo se queda en su mente: ¡seguro que Dios me perdona! ¡seguro que fulanita o menganito me perdonará! Cuando lamentablemente no existió absolutamente ningún esfuerzo en intentar una curación; ¿miedos? ¿cobardías? ¿impotencias? tal vez, pero orar de cara la pared no soluciona los problemas. Flagelarse tampoco.
Es difícil masticar y dar por sentado tales conductas, porque una de dos, o nos amamos de verdad o somos unos auténticos mentirosos amparados por nuestro ego. Lo escribe alguien que muy tristemente cayó en las fauces del pecado. Esa fuerte dentadura te aprisiona pero te permite observar el exterior, y este contexto que rodea mi prisión también da miedo.
Solo existe una manera de que Dios me perdone. Y es cumplir con sus directrices descritas en su Palabra la Biblia, no hay más. No tanto por querer ser merecedor de sus promesas proféticas, si no más bien por “regalarle” mi conducta, mi obediencia, mis esfuerzos; nuestra voluntad, el libre albedrío, que, -sin trucos-, es lo único que no es posesión del Creador del Ser Humano.
Sin embargo el Ser Humano no es Dios verdad? Acaso ¿no pide Dios al pecador que cambie de conducta si desea su perdón? Acaso ¿no son nuestros hechos, nuestra actitud, que demostrará que deseamos que Dios nos perdone? Estas necesidades no deberían de ser simples adornos mentales.
Por ejemplo en la TNM se lee así Isaías 55,7 “Que el hombre malvado deje su camino y el hombre malo sus pensamientos; que regrese a Jehová, quien tendrá misericordia de él, que vuelva a nuestro Dios, pues lo perdonará generosamente.”
El apóstol Pablo, bajo la influencia del espíritu santo, afina la necesidad para el cristiano que ha pecado: “Y dejen de amoldarse a este sistema; más bien, transfórmense renovando su mente, para que comprueben por ustedes mismos cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.” ro.12,2;
o la recomendación de Efesios 4,23 “Deben seguir renovando su forma de pensar”.
Y fíjense que tuvo que decirles a los colosenses, enseñanza que se extiende a nuestros días:
“Pero ahora desháganse de todo esto: ira, furia, maldad y palabras hirientes, y que no salga lenguaje obsceno de su boca. No se mientan unos a otros. Quítense la vieja personalidad y sus prácticas, y vístanse con la nueva personalidad, que por medio del conocimiento exacto se va renovando según la imagen del que la creó” Col.3,8-10
Es evidente que Dios necesita “pruebas” de que queremos su perdón, (existen otras muchas citas bíblicas que ayudan con este tema).
Pero ¿y si le hemos hecho daño a alguien que conocemos? ¿Damos por sentado el pedir perdón y el perdonar orando de cara la pared? ¿Flagelandonos?
Siempre me llamó a la atención la ilustración "del esclavo que no perdona a su esclavo". El evangelista Mateo describe la enseñanza del Maestro:
“Por eso el Reino de los cielos puede compararse a un rey que quiso ajustar cuentas con sus esclavos. Cuando comenzó a ajustarlas, le trajeron a uno que le debía 10.000 talentos. Como el esclavo no tenía con qué pagarle, su amo ordenó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, así como todas las cosas que tenía, para que se pagara la deuda. Pero el esclavo cayó a sus pies, se inclinó ante él y le suplicó: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Esto conmovió mucho al amo, así que dejó que el esclavo se fuera y le perdonó la deuda. Pero aquel esclavo salió y encontró a uno de sus compañeros de esclavitud, que le debía 100 denarios. Él lo agarró y comenzó a estrangularlo. Le decía: ‘¡Paga todo lo que debes!’. Y este compañero suyo cayó a sus pies y le suplicó: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré’. Pero él no quiso escucharlo. Se fue y mandó que lo metieran en prisión hasta que pudiera pagar la deuda. Cuando los demás compañeros esclavos se enteraron de lo que había pasado, se disgustaron mucho y fueron a contárselo todo a su amo. Entonces su amo lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Esclavo malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda cuando me lo suplicaste. ¿No deberías haber tenido misericordia de tu compañero igual que yo tuve misericordia de ti?’. Su amo se indignó tanto que se lo entregó a los carceleros hasta que pagara todo lo que debía. Así es como mi Padre celestial los tratará a ustedes si no perdonan de corazón a sus hermanos”. (Mateo 18:23-35)
El Rey del Reino de Dios perdona la deuda de su esclavo de tal manera que “olvida” la deuda. Teniendo en cuenta que 1 denario era el salario de un día, creo que hubiera sido imposible por sus propios méritos pagarle tal cantidad de talentos. El Rey lo sabía y sin más le perdonó.
Ahora el ejercicio de perdonar entre personas: ese esclavo tenía a su cargo otros esclavos. En la descripción ocurre exactamente igual solo que con 2 diferencias. Ese esclavo perdonado no quiso perdonar una deuda muchísimo menor "¿no deberías haber...?" y lo mandó a prisión hasta que le pagara la deuda.
El tema aquí es económico, pero tanto da cómo nos hayan hecho daño, el principio es el mismo: perdonar con misericordia desde el corazón.
El apóstol Juan deja escrito una bella enseñanza dirigida a la comunidad creyente.
“Sin embargo, si andamos en la luz, así como él mismo está en la luz, estamos unidos entre nosotros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.” 1,7.
En mi opinión educada por el estudio de la Biblia el estar unidos no es solamente un ejercicio de “adorno mental”. Se necesita esfuerzo para no romper esta unidad educada por la luz del Hijo de Dios. De otra manera si no existe esfuerzo bilateral y simplemente nos lo creemos -adornos mentales- , seremos unos mentirosos amparados por nuestro ego?
“La distancia que existe entre un siervo de Dios mendigo y otro que es millonario es parecida a la misma que existe entre aquel que dice amar a su hermano cuando simplemente no existe comunicación entre ambas partes”.