Crónica de un último latir.
Me dicen que lleva horas en posición fetal. Gimiendo dolor y agonizando una respiración forzada que va al compás de su latir. Mecánicos, jadeantes y frenéticos. Como una carrera realizada por un asmático tras correr tan solo cien metros con la boca abierta para que le entre más oxigeno, pero que no consigue recuperarse.
Tiene una mirada fría y vacía cuyos ojos parecen no tener vida. Iris fijos y lagrimosos. Quietos, con la mirada en un punto de su horizonte insignificante para mí y que tan solo puede significar algo en su mente, si es que le puede significar.
El observador busca con interés llamar su atención. Crear mediante un estimulo una reacción, aunque solo sea una pequeña respuesta y que tal vez tras ello, con esa reacción, mejore. Pero no. No responde a ningún roce, a ninguna caricia. No responde a ninguna voz. Ni siquiera reacciona al sonido de su bonito nombre.
A nuestra soledad nos acompaña la también enferma de la cama vecina y su cuidadora con apariencia de búho, que para matar su aburrimiento, ahora trabaja de espectadora en nuestra escena a la espera de algún final. Su experiencia laboral sospecha ya del final.
También latidos y pensamientos nos acompañan. Mi latir porque lo tengo dentro de mí y apenas puedo controlar mi estado emocional. Los suyos porque los siento como si formaran parte de mí. Y mis pensamientos. Tal vez buenos, tal vez malos. No lo sé.
Al cabo de algunos minutos su respirar empieza a menguar. Tal vez, pienso, ha notado las caricias de mi mano en su rostro. Sea así o no, ahora su respiración va menguando. Entré en ésta habitación avisado: está muy mal, le falta poco. Pero no me imaginaba que faltara tan poco.
Medito en como las horas deben de hacerse muy largas pare el que padece la agonía de ese sufrir postrado en una cama durante tanto tiempo. No tengo apenas palabras para explicar lo que se siente cuando se 'acompaña' a un moribundo en sus últimos latidos. En esos instantes cuando esa persona está perdiendo las fuerzas que le sujetan a la vida. Es sumamente triste, muy triste. Te invade una impotencia, por mucha esperanza que puedas tener, que va más allá de lo que parece razonable.
Tras unos minutos su respiración se vuelve aún más débil, pero igual de frenética. Como una locomotora que empieza a frenar.
Sin embargo, ¡una alegría me invade ahora! Sus iris miran hacia su derecha, a mi rostro, me mira. No ha movido su cabeza. Ha debido ejercer un mínimo de voluntad para mover sus ojos. ¡ME ESTA MIRANDO!
Una breve mirada con unos ojos, que a mi entender, parecen haber recobrado la lucidez de su entorno, pero esto sucede tan solo por un mero segundo si es que llega a dos. Pero sí me esta mirando. Sin embargo, tras esa breve mirada correspondida con una lagrimosa pero cariñosa sonrisa por parte de un impotente observador, se relajaron y cayeron a plomo hacia su lado izquierdo. Al mismo tiempo que cayeron dejo de oírse en la habitación el sonoro sonido de su respirar.
Y un último gemir escuche justo antes de su expirar. Un breve sonido como “cuando quieres despegar una cinta adhesiva pegada fuertemente a un quebradizo cañizo”. Luego sus párpados se cerraron tan suavemente como los de un niño cuando su papá le dice 'vamos duérmete'. Sí, se durmió. Como si alguien le hubiera dicho 'ves a dormir'.
A los hijos; amigos y compañeros. No permitáis que vuestros padres o seres queridos fallezcan solos y sin cariño.
Solo deseo que estas palabras sirvan para hacer reflexionar en que tiene que ser muy triste, tiene que ser sumamente aterrador para un moribundo, para un enfermo terminal, pero que puede estar muy consciente de su entorno, de su contexto, fallecer en la soledad. Abandonar la vida sabiendo que no tiene a su lado a sus seres más queridos. Sin sentir la presencia de los suyos. Sin notar el tacto de algún ser querido. Cuyo tacto sencillamente compartirá con el moribundo la misma impotencia, pero que tal vez, en su silencio, en su última mirada te reconozca y, silenciosamente, es posible, quien sabe, junto a su esperanza, lo agradezca.
Esta persona falleció debido a un fallo multiorgánico junto a tres personas.
Estas palabras no son una denuncia o algo perecido. Aunque estoy plenamente seguro que habrá opiniones de todos los colores y para todos los gustos. Por favor, que nadie se vea aludido por lo expuesto. Existen sucesos que acaecen en el momento menos pensado. Eclesiastes 9:11.
Tiene una mirada fría y vacía cuyos ojos parecen no tener vida. Iris fijos y lagrimosos. Quietos, con la mirada en un punto de su horizonte insignificante para mí y que tan solo puede significar algo en su mente, si es que le puede significar.
El observador busca con interés llamar su atención. Crear mediante un estimulo una reacción, aunque solo sea una pequeña respuesta y que tal vez tras ello, con esa reacción, mejore. Pero no. No responde a ningún roce, a ninguna caricia. No responde a ninguna voz. Ni siquiera reacciona al sonido de su bonito nombre.
A nuestra soledad nos acompaña la también enferma de la cama vecina y su cuidadora con apariencia de búho, que para matar su aburrimiento, ahora trabaja de espectadora en nuestra escena a la espera de algún final. Su experiencia laboral sospecha ya del final.
También latidos y pensamientos nos acompañan. Mi latir porque lo tengo dentro de mí y apenas puedo controlar mi estado emocional. Los suyos porque los siento como si formaran parte de mí. Y mis pensamientos. Tal vez buenos, tal vez malos. No lo sé.
Al cabo de algunos minutos su respirar empieza a menguar. Tal vez, pienso, ha notado las caricias de mi mano en su rostro. Sea así o no, ahora su respiración va menguando. Entré en ésta habitación avisado: está muy mal, le falta poco. Pero no me imaginaba que faltara tan poco.
Medito en como las horas deben de hacerse muy largas pare el que padece la agonía de ese sufrir postrado en una cama durante tanto tiempo. No tengo apenas palabras para explicar lo que se siente cuando se 'acompaña' a un moribundo en sus últimos latidos. En esos instantes cuando esa persona está perdiendo las fuerzas que le sujetan a la vida. Es sumamente triste, muy triste. Te invade una impotencia, por mucha esperanza que puedas tener, que va más allá de lo que parece razonable.
Tras unos minutos su respiración se vuelve aún más débil, pero igual de frenética. Como una locomotora que empieza a frenar.
Sin embargo, ¡una alegría me invade ahora! Sus iris miran hacia su derecha, a mi rostro, me mira. No ha movido su cabeza. Ha debido ejercer un mínimo de voluntad para mover sus ojos. ¡ME ESTA MIRANDO!
Una breve mirada con unos ojos, que a mi entender, parecen haber recobrado la lucidez de su entorno, pero esto sucede tan solo por un mero segundo si es que llega a dos. Pero sí me esta mirando. Sin embargo, tras esa breve mirada correspondida con una lagrimosa pero cariñosa sonrisa por parte de un impotente observador, se relajaron y cayeron a plomo hacia su lado izquierdo. Al mismo tiempo que cayeron dejo de oírse en la habitación el sonoro sonido de su respirar.
Y un último gemir escuche justo antes de su expirar. Un breve sonido como “cuando quieres despegar una cinta adhesiva pegada fuertemente a un quebradizo cañizo”. Luego sus párpados se cerraron tan suavemente como los de un niño cuando su papá le dice 'vamos duérmete'. Sí, se durmió. Como si alguien le hubiera dicho 'ves a dormir'.
Lucas 8:49, 54-55; Juan 5:25, 26.
A los hijos; amigos y compañeros. No permitáis que vuestros padres o seres queridos fallezcan solos y sin cariño.
Solo deseo que estas palabras sirvan para hacer reflexionar en que tiene que ser muy triste, tiene que ser sumamente aterrador para un moribundo, para un enfermo terminal, pero que puede estar muy consciente de su entorno, de su contexto, fallecer en la soledad. Abandonar la vida sabiendo que no tiene a su lado a sus seres más queridos. Sin sentir la presencia de los suyos. Sin notar el tacto de algún ser querido. Cuyo tacto sencillamente compartirá con el moribundo la misma impotencia, pero que tal vez, en su silencio, en su última mirada te reconozca y, silenciosamente, es posible, quien sabe, junto a su esperanza, lo agradezca.
Esta persona falleció debido a un fallo multiorgánico junto a tres personas.
Estas palabras no son una denuncia o algo perecido. Aunque estoy plenamente seguro que habrá opiniones de todos los colores y para todos los gustos. Por favor, que nadie se vea aludido por lo expuesto. Existen sucesos que acaecen en el momento menos pensado. Eclesiastes 9:11.