Reflexión sobre la opinión pública
A un bebe se le adiestra y conforme va creciendo educando. De adulto puede ser cualquier cosa en base a esa enseñanza trasmitida. Se dice que sus padres son los máximos responsables en esta cuestión.
¿Como se educa a la opinión pública? Existe un sabor extraño cuando uno compara la enseñanza que recibe un niño con la que recibe una generación de personas, en el sentido que un niño e incluso un adulto llevará siempre ese sello que lo identificará para bien o para mal: sus tutores. Pero y la ‘opinión pública’, ¿puede ser alguien responsable de su buena o mala educación? ¿Quién se atrevería a levantarse como culpable por haber contribuido a su posible mala formación? ¿La prensa? ¿Acaso la Globalización? ¿El simple mero hecho de que cada uno de los mortales podamos pensar para luego poder opinar? Me resulta asfixiante que una persona pueda tener tras su mala educación un culpable, mientras que la ‘opinión publica’ parece carecer de posible Mentor.
Si comparo el ejemplo con una familia en vez de con un individuo no cambia demasiado excepto en un aspecto, la cantidad de individuos. Cuanto menos sean los componentes de la familia menos ‘riesgos’ habrá que su ‘opinión pública’ sea exagerada, desproporcionada e incluso mal educada.
El hecho de que con tres números se puedan crear tantas posibles combinaciones de resultados me permite entender que es muy normal que una familia de tres personas pueda poseer tres diferentes maneras de opinar. La cuestión es cuando una opinión externa invade esa ‘opinión pública’ pero privada hasta ese momento. Puede descontrolarse o mal educarse, también, si cabe, enriquecerse. Lamentablemente la moderna opinión pública es acosada por tantos diferentes bandos que resulta ser, sin querer exagerar, en una de las mejores estrategias para cambiar o poder controlar el ritmo de vida de la sociedad.
Habrá quien vea lo siguiente como exagerado, temerario, e incluso fuera de si. La cuestión es preguntarse si cabe la posibilidad por rara o ridícula que nos parezca de la idea. El libro de los Orígenes, el Génesis, explica que el origen del pecado fue llevado a cabo por Adán y Eva. Pero no pasemos por alto un detalle de suma importancia, una tercera opinión entró en juego para desbaratar los planes de Jehová Dios, el Creador, y hacer errar a la primera pareja de opiniones que existió en la Tierra. Por extraño e imposible que nos pueda parecer, aquella primera mala opinión –Génesis 3:5- no hizo más que crecer y crecer con un único fin: gobernar para mal a los pueblos que siempre han estado bajo su control. Lucas 4:6.