Una reflexión sobre la cronología bíblica II
A la luz de la información que aporta la Biblia entiendo que el pueblo de Israel e incluso el pueblo judío de los días de Jesús calculaban los años gracias a las lunas nuevas.
Una ciclopedia de educación bíblica explica lo siguiente respecto al ciclo lunar sinódico:
“Una lunación dura, como promedio, 29 días, 12 horas y 44 minutos. Aunque los meses podían ser de 29 ó 30 días, en el registro bíblico la palabra “mes” por lo general significa 30 días”.
Difícilmente aquellas gentes hubieran encontrado los desfases de minutos. Con lo cual se comprende la medición por medio de la luna nueva. Eso sí, llegaron a comprender el desfase de días gracias a los equinoccios. La misma ciclopedia comenta acertadamente lo siguiente:
“La Biblia no dice [refiriéndose a las posibles culturas heredadas de Egipto o Babilonia] si este era el sistema [el método de añadir días al año] que utilizaban los hebreos originalmente para adecuar su año lunar al año solar, pero el hecho de que los nombres de sus meses lunares reflejaran una determinada temporada del año muestra que seguían algún sistema. El centro del Sol cruza el ecuador celeste dos veces al año, y es entonces cuando el día y la noche duran lo mismo en todas partes de la Tierra (unas doce horas de luz diurna y doce de oscuridad). Estas dos ocasiones se llaman equinoccio vernal (o de primavera) y equinoccio otoñal, y se producen alrededor del 21 de marzo y del 23 de septiembre según el calendario actual. Los equinoccios, por lo tanto, podían servir de punto de referencia para saber cuándo se adelantaban demasiado los meses lunares con respecto a las estaciones y compensar la diferencia [respecto al calendario solar] añadiendo un mes intercalar”.
Pero ¿para que sirve la cronología bíblica? ¿Únicamente para trazar una línea de tiempo y poder registrar, ordenar y catalogar fechas, sucesos y reinados? ¿Para poder 'orientarnos' a través de esa preciosa e interesante historia bíblica?
El estudiante bíblico rebuscado e inconformista, antes o después, tropezará con la cronología bíblica. En el sentido que, debido a que ciertas profecías bíblicas incluyen en sus palabras fechas, números y cantidades de años, no podrá evitar pensar que sí puede existir algún 'algoritmo' que anuncie ese deseado cambio de circunstancias: el fin de una época infernal y el empezar de una nueva era preciada y deseada.
¿Quien está mas cerca de conseguirlo? ¿el científico que busca su preciado elixir de la vida, o el cronólogo que busca y desea encontrar esa fecha tan deseada?
Por favor permítanme exponer una idea.
A lo largo del siglo XX de nuestra era se han conocido aspectos que de seguro ni los hebreos ni los israelitas tenían idea. Por ejemplo, conocieron la balanza y el uso de sus correspondientes medidas de peso. Debían de emplear correctamente tal herramienta, sin embargo, no conocieron la exactitud del gramo que se emplea hoy día. Podemos decir lo mismo del centímetro y también del minuto. Si la información que dispongo es correcta tan solo conocían, en el caso de medidas universales, la exactitud lunar. ¿A que nos lleva esto?
En la Biblia podemos leer varias referencias en números vinculados estos a profecías. Algunas ya ocurrieron (Génesis 15:13), otras aún han de ocurrir (Daniel 12:13). Pero casi todas estas profecías que emplean cantidades y que hacen referencia a Tiempo, están ligadas a cantidad de lunas. Un ejemplo de ello son los famosos “siete Tiempos” registrados en la profecía del libro que escribió Daniel allá en siglo VI.
"Mientras la palabra todavía estaba en la boca del rey, hubo una voz que cayó de los cielos: “A ti se te dice, oh Nabucodonosor el rey: ‘El reino mismo se ha ido de ti, y de la humanidad te echan, sí, y con las bestias del campo tu morada será. Vegetación te darán aun a ti para comer tal como a toros, y siete tiempos mismos pasarán sobre ti, hasta que sepas que el Altísimo es Gobernante en el reino de la humanidad, y que a quien él quiere [darlo] lo da’”. Daniel 4:31, 32.
Estos siete tiempos en realidad son 2.520 años y abarcan, redondeando, del año 606 a.e.c hasta 1914 e.c. [existe una solida formula bíblica para entender esta cuestión].
En la Biblia '1 Tiempo' representa 360 años, luego, '7 Tiempos' son 2520 años. Los 360 años están compuestos por doce meses de treinta días bíblicos, o lo que es lo mismo: meses lunares bíblicos.
Pero cuidado amigo lector, esta formula es matemática. La lógica para entender bien esta cuestión está en la enseñanza que aporta la lección bíblica en cuestión.
La idea, estimados colegas, es que si la Biblia nos arroja una cantidad de tiempo calculable es porque, por ende, solo puede ser calculable por medio del método bíblico establecido.
De todas maneras si alguien hubiera descubierto una cifra plausible lo único que hubiera descubierto es un desenlace. La cita de Mateo 8:29 es clave: “Y, ¡mire!, gritaron, diciendo: “¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Viniste aquí a atormentarnos antes del tiempo señalado?”.
Es una referencia que nos enseña que los ángeles caídos lo saben todo excepto lo que no pueden saber.
La cronología bíblica es apasionante, exquisita. Y bien cierto es que muy instructiva. Pero contiene un gran peligro. Si el estudiante se afana demasiado en buscar pruebas numéricas donde tal vez no existan, tiene muchas probabilidades de caer en los lazos de la numerología. Además, los judíos, con el tiempo, llegaron a ser grandes matemáticos. Y muy buenos. Me atrevería a decir que fueron mejores que los famosos Mayas.
No seré yo el que saque a la luz el gran secreto.
Solo diré que, en base a las pruebas tenidas, 1- relativamente queda poco tiempo: ¡un tiro de piedra! 2- El Todopoderoso tiene una carta en la manga en lo que a tiempo desconocido se refiere, es decir, cantidad de tiempo no empleado. Además, en base a la respuesta que da el ángel caído a Jesús, dependemos del empezar del Día del Señor.
Nadie puede controlar ese momento. La ilustración del reloj de pulsera es magnifica. Cualquiera puede porta un reloj, e incluso adelantar u atrasar las agujas con las manecillas, pero el que designa el horario es el Amo del Gobierno.
Una ciclopedia de educación bíblica explica lo siguiente respecto al ciclo lunar sinódico:
“Una lunación dura, como promedio, 29 días, 12 horas y 44 minutos. Aunque los meses podían ser de 29 ó 30 días, en el registro bíblico la palabra “mes” por lo general significa 30 días”.
Difícilmente aquellas gentes hubieran encontrado los desfases de minutos. Con lo cual se comprende la medición por medio de la luna nueva. Eso sí, llegaron a comprender el desfase de días gracias a los equinoccios. La misma ciclopedia comenta acertadamente lo siguiente:
“La Biblia no dice [refiriéndose a las posibles culturas heredadas de Egipto o Babilonia] si este era el sistema [el método de añadir días al año] que utilizaban los hebreos originalmente para adecuar su año lunar al año solar, pero el hecho de que los nombres de sus meses lunares reflejaran una determinada temporada del año muestra que seguían algún sistema. El centro del Sol cruza el ecuador celeste dos veces al año, y es entonces cuando el día y la noche duran lo mismo en todas partes de la Tierra (unas doce horas de luz diurna y doce de oscuridad). Estas dos ocasiones se llaman equinoccio vernal (o de primavera) y equinoccio otoñal, y se producen alrededor del 21 de marzo y del 23 de septiembre según el calendario actual. Los equinoccios, por lo tanto, podían servir de punto de referencia para saber cuándo se adelantaban demasiado los meses lunares con respecto a las estaciones y compensar la diferencia [respecto al calendario solar] añadiendo un mes intercalar”.
Pero ¿para que sirve la cronología bíblica? ¿Únicamente para trazar una línea de tiempo y poder registrar, ordenar y catalogar fechas, sucesos y reinados? ¿Para poder 'orientarnos' a través de esa preciosa e interesante historia bíblica?
El estudiante bíblico rebuscado e inconformista, antes o después, tropezará con la cronología bíblica. En el sentido que, debido a que ciertas profecías bíblicas incluyen en sus palabras fechas, números y cantidades de años, no podrá evitar pensar que sí puede existir algún 'algoritmo' que anuncie ese deseado cambio de circunstancias: el fin de una época infernal y el empezar de una nueva era preciada y deseada.
¿Quien está mas cerca de conseguirlo? ¿el científico que busca su preciado elixir de la vida, o el cronólogo que busca y desea encontrar esa fecha tan deseada?
Por favor permítanme exponer una idea.
A lo largo del siglo XX de nuestra era se han conocido aspectos que de seguro ni los hebreos ni los israelitas tenían idea. Por ejemplo, conocieron la balanza y el uso de sus correspondientes medidas de peso. Debían de emplear correctamente tal herramienta, sin embargo, no conocieron la exactitud del gramo que se emplea hoy día. Podemos decir lo mismo del centímetro y también del minuto. Si la información que dispongo es correcta tan solo conocían, en el caso de medidas universales, la exactitud lunar. ¿A que nos lleva esto?
En la Biblia podemos leer varias referencias en números vinculados estos a profecías. Algunas ya ocurrieron (Génesis 15:13), otras aún han de ocurrir (Daniel 12:13). Pero casi todas estas profecías que emplean cantidades y que hacen referencia a Tiempo, están ligadas a cantidad de lunas. Un ejemplo de ello son los famosos “siete Tiempos” registrados en la profecía del libro que escribió Daniel allá en siglo VI.
"Mientras la palabra todavía estaba en la boca del rey, hubo una voz que cayó de los cielos: “A ti se te dice, oh Nabucodonosor el rey: ‘El reino mismo se ha ido de ti, y de la humanidad te echan, sí, y con las bestias del campo tu morada será. Vegetación te darán aun a ti para comer tal como a toros, y siete tiempos mismos pasarán sobre ti, hasta que sepas que el Altísimo es Gobernante en el reino de la humanidad, y que a quien él quiere [darlo] lo da’”. Daniel 4:31, 32.
Estos siete tiempos en realidad son 2.520 años y abarcan, redondeando, del año 606 a.e.c hasta 1914 e.c. [existe una solida formula bíblica para entender esta cuestión].
En la Biblia '1 Tiempo' representa 360 años, luego, '7 Tiempos' son 2520 años. Los 360 años están compuestos por doce meses de treinta días bíblicos, o lo que es lo mismo: meses lunares bíblicos.
30*12= 360*7= 2520.
Pero cuidado amigo lector, esta formula es matemática. La lógica para entender bien esta cuestión está en la enseñanza que aporta la lección bíblica en cuestión.
La idea, estimados colegas, es que si la Biblia nos arroja una cantidad de tiempo calculable es porque, por ende, solo puede ser calculable por medio del método bíblico establecido.
De todas maneras si alguien hubiera descubierto una cifra plausible lo único que hubiera descubierto es un desenlace. La cita de Mateo 8:29 es clave: “Y, ¡mire!, gritaron, diciendo: “¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Viniste aquí a atormentarnos antes del tiempo señalado?”.
Es una referencia que nos enseña que los ángeles caídos lo saben todo excepto lo que no pueden saber.
La cronología bíblica es apasionante, exquisita. Y bien cierto es que muy instructiva. Pero contiene un gran peligro. Si el estudiante se afana demasiado en buscar pruebas numéricas donde tal vez no existan, tiene muchas probabilidades de caer en los lazos de la numerología. Además, los judíos, con el tiempo, llegaron a ser grandes matemáticos. Y muy buenos. Me atrevería a decir que fueron mejores que los famosos Mayas.
No seré yo el que saque a la luz el gran secreto.
Solo diré que, en base a las pruebas tenidas, 1- relativamente queda poco tiempo: ¡un tiro de piedra! 2- El Todopoderoso tiene una carta en la manga en lo que a tiempo desconocido se refiere, es decir, cantidad de tiempo no empleado. Además, en base a la respuesta que da el ángel caído a Jesús, dependemos del empezar del Día del Señor.
Nadie puede controlar ese momento. La ilustración del reloj de pulsera es magnifica. Cualquiera puede porta un reloj, e incluso adelantar u atrasar las agujas con las manecillas, pero el que designa el horario es el Amo del Gobierno.
Y es muy posible, amigos, que los cronólogos miremos el mundo al revés.