“Un día, al ver por primera vez el mar, un niño me pregunto…, el Océano, ¿Qué es el Océano? Y yo no supe como responderle.
“Que es el Mar, que es el Océano, como expresarlo.””
Así empieza uno de los más bonitos documentales que he visto sobre la vida que existe en los mares y océanos. Tras esa introducción, la película documental de “Jacques Perrin”, Océanos, intenta explicar gráficamente la vasta complejidad que existe en tal medio. Intenta contestar tan difícil pregunta de responder. Pero la narrativa parece débil en un asunto, no da a entender quien es el responsable de tan majestuosa obra. Y pregunto yo, acaso ¿no existen pruebas empíricas para poder manifestarlo?
Pongamos un ejemplo para entender la complejidad que nos rodea. Imaginemos una mesa de billar con tan solo nueve bolas para practicar una carambola.
Colocamos las bolas en su lugar, y la blanca en el sitio más estratégico. Golpeamos al estilo más americano. La pregunta es ¿cuántas posibilidades tenemos, de que, las nueve bolas, con tan solo el primer “saque”, queden perfectamente colocadas? Emulando estas un bonito y perfecto “Sistema Solar”.
Y en este ejercicio pasaremos por alto detalles magistrales. No tendremos en cuenta la tan necesaria distancia que existe entre nuestro astro y nuestra casa, ni tampoco la inclinación matemática que posee nuestro hogar respecto a su eje. Tampoco comentamos la necesaria rotación de la Tierra así como su traslación. Muy necesario este doble movimiento ya que cualquier impacto exterior quedaría ‘menguado’ o ‘frenado’ gracias a esta maravilla de la arquitectura.
Ahora traslademos este ejemplo a la Vida. Todo lo que nos rodea es como una impresionante carambola perfectamente organizada cuyos datos hoy permiten entender, al menos, un milagro de la “Madre Naturaleza”. Pero pocos, muy pocos, se atreven a manifestar que tras ésta colosal arquitectura está la obra de nuestro Creador, de nuestro Padre Celestial Jehová Dios. (Salmo 36:9; Jeremías 10:10)
Pongamos un ejemplo para entender la complejidad que nos rodea. Imaginemos una mesa de billar con tan solo nueve bolas para practicar una carambola.
Colocamos las bolas en su lugar, y la blanca en el sitio más estratégico. Golpeamos al estilo más americano. La pregunta es ¿cuántas posibilidades tenemos, de que, las nueve bolas, con tan solo el primer “saque”, queden perfectamente colocadas? Emulando estas un bonito y perfecto “Sistema Solar”.
Y en este ejercicio pasaremos por alto detalles magistrales. No tendremos en cuenta la tan necesaria distancia que existe entre nuestro astro y nuestra casa, ni tampoco la inclinación matemática que posee nuestro hogar respecto a su eje. Tampoco comentamos la necesaria rotación de la Tierra así como su traslación. Muy necesario este doble movimiento ya que cualquier impacto exterior quedaría ‘menguado’ o ‘frenado’ gracias a esta maravilla de la arquitectura.
Ahora traslademos este ejemplo a la Vida. Todo lo que nos rodea es como una impresionante carambola perfectamente organizada cuyos datos hoy permiten entender, al menos, un milagro de la “Madre Naturaleza”. Pero pocos, muy pocos, se atreven a manifestar que tras ésta colosal arquitectura está la obra de nuestro Creador, de nuestro Padre Celestial Jehová Dios. (Salmo 36:9; Jeremías 10:10)