El placer de escribir citas y frases me recuerda a las aventuras de dos grandes exploradores: David Livingstone y Henry Morton Stanley. Según se dice, el primero se empeño en "cristianizar" el continente negro costara lo que le costara. El segundo, años más tarde, estuvo resuelto a cumplir el trabajo que le mandaron, encontrar al 'desaparecido' Livingstone vivo o muerto.

Stanley logro encontrar a Livingston con vida algunos meses después a pesar de las adversidades que tal hazaña le acarreó.



“Puede resultar ser un gran error, con tan solo “dos palabras”, describir todo lo que nos rodea”.

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lunes, 29 de abril de 2013

Reflexión: Π “El número Pi en la Palabra de Dios”.



Reflexión: Π “El número Pi en la Palabra de Dios”.

 PI= 3,141592654...; una constante irracional.


A veces me pregunto que sería de los modernos matemáticos si no fuera por los avances tecnológicos. ¡Que cosas!

Como estudioso de la Palabra de Dios suelo preguntarme, de entre otras cosas, si cabe la posibilidad que encontremos en la Biblia alguna referencia que hable del famoso número Pi, ¿es posible?

En la Red encontraremos opiniones dispares sobre este asunto. Desde el escéptico que aprovecha la ocasión para desprestigiar la supuesta inspiración de los escritores, hasta ideas un tanto radicales en pro de su defensa. Yo me inclino más bien por una lógica coherente.

Los estudiosos del asunto saben que las referencias para tratar sobre Pi en la Biblia las encontramos en los siguientes textos: 2 crónicas 4:2-5 y 1 Reyes 7: 23-26. Estos describen las medidas de un contenedor de cobre junto con otros detalles. Si bien Salomón ejecuto la construcción, fue más bien su padre David el que delego a su hijo los planos de la obra.

¿En que se concentran los críticos para restar merito a esta obra de ingeniería circular? Básicamente en las medidas totales de la circunferencia. Son muchas las traducciones de la Biblia que describen las medidas en codos. Otros traductores se atreven a describir en medidas modernas.

Si se aplica Pi a la medida en codos de la circunferencia de esa 'piscina' da como resultado 3, [C.30/D.10=3]. Si buscamos la respuesta aplicando Pi, la circunferencia de esa piscina debería de tener 31 codos; [3,1416*10= 31,416]. Pero el texto cita 30.

Si se emplean las medidas de algunas Biblias da como resultado lo siguiente:

3,1416×4,5= 14,1372; o también  3,1416x5=15,708

Sin duda resultados lejanos a un sabor agradable desde el punto de vista matemático. Es cierto, como dicen algunos, que la construcción no tiene porque buscar una exactitud matemática. Tal vez.

Para atinar con un resultado plausible es necesario conocer la medida del codo que emplearon los israelitas. ¿Se conoce tal medida?

Las únicas 'armas' para defender ciertas sospechas sobre la posible medida del codo son: la arqueología, documentos antiguos y los comentarios de algunos académicos que opinan sobre algunas posibilidades. Al parecer los israelitas empleaban tres 'codos' con diferentes medidas; posiblemente abarcaban de entre 38 y 45 52 centímetros. Siendo la medida más popular la de 44 centímetros, debido a la media obtenida gracias a los resultados en mediciones de arqueología moderna en tierras de Israel.

Al leer el verso en diferentes traducciones me doy cuenta de un detalle que pasa desapercibido. La cita en cuestión comenta que se necesita una cuerda, cordel, etr... para poder medir la redondez del contenedor. Sin embargo lean tranquilamente el texto y dense cuenta que ese contenedor de agua se asentaba encima de doce toros estratégicamente colocados. También se habla de ciertos detalles ornamentales colocados, posiblemente, alrededor del contenedor y encima de los toros. La pregunta es ¿y si hubieran medido la redondez TOTAL de la construcción, leeríamos hoy en la Escritura una medida diferente?

En mi opinión, lo que se mal traduce como ‘vasija’, pudiera tener que ver con un significado simbólico.

Dicho todo esto les hago llegar un trabajo a escala que trata una teoría. La posibilitad de que sí pueda existir en la descripción de esos versos el cálculo Pi. Si esta opción fuera plausible tendríamos una evidencia de que en tiempos del reinado de los personajes bíblicos de David y Salomón, alrededor del año 1050 antes de la era común, ya se conocía el famoso y tan necesario número Pi.

Y si me apuran decir que, con respecto a la carencia en aquella época de instrumentos de tecnología, un más que asombroso conocimiento de Pi. ¡Que cosas!

Vean y juzguen ustedes mismos.








Reflexión: Π “El número Pi en la Palabra de Dios”.

PI= 3,141592654...; una constante irracional.


Actualización, 1 mayo 2013.

En el dibujo a escala, [codo = centímetro], tanto la circunferencia circunscrita como la inscrita, contienen el cálculo Pi. Si bien cualquiera puede meditar y sacar sus propias conclusiones del por qué de lo escrito, lo que sí es evidente es el resultado matemático; “un medio puede justificar una teoría”. Ahora bien, prescindiendo de su significado, que impide que no se anuncie esa ¿posible? EXACTITUD matemática descrita en la Palabra de Dios, la Biblia.


"Número Pi en la Biblia”

jueves, 10 de noviembre de 2011

Reflexión sobre Ciencia, fe, y Dios.



Existen estudiosos que justifican el origen de la vida con estos, aquí, resumidos argumentos: caos, azar, y muchísimo tiempo; también se comenta de un “Ente”.

Puede resultar fácil publicitar y comentar a una serie de personas receptoras que primero fue un caos, luego el azar entro en acción y al cabo de muchos millones de años la vida surgió espontáneamente. Saberes como la lógica, la matemática, el don de interpretar inteligencia abstracta, el habla, la escritura, la conciencia, el raciocinio…; parece mentira leer como meten a todos estos dones, y algunos más, en el mismo saco: La Evolución.

Observamos  la vida cambiante y esto nos recuerda a una evolución. Observamos el crecimiento y esto nos recuerda a una evolución. Pero es necesario manifestar que no tiene nada que ver una evolución propia y calculada y esperada con una evolución ciega y casual. No tiene nada que ver un crecimiento lógico con un crecimiento espontáneo. ¿Confundiríamos el crecimiento espontáneo de una palomita cocinada en un microondas, con el esperado bebe tras la ‘milagrosa’ gestación de nueve meses? –algunos se atreverían-.

¿Seriamos tan tontos de mal interpretar el rápido crecimiento de un hongo y confundirlo con el poner de una Gallina?

El átomo y la célula son dos colosales estructuras súper organizadas. El profano que se aventura a investigar queda admirado de la sabiduría inyectada en estas ‘invisibles’ maravillas. Parecen olvidar también la complejidad de ADN. Millones de dólares y de euros para decodificar una colosal biblioteca destinada a crear vida. Me chifla escribir que también se doto de ‘sabiduría’ para otorgar inteligencia a su procreación. Seria estúpido preguntar porque el ADN humano es único en su clase.

En estos argumentos entra en juego ese supuesto “Ente”; estudiosos que no tienen ni idea de explicar fuera de los papeles diseñados, que es ese Ente y como vino a existir después de Caos y de un Azar.

La fe que tengo en un cirujano me permite ponerme en sus manos gracias a dos principales razones: su experiencia y su conocimiento. Las conservadas vías férreas en medio de un desolado lugar me permiten tener confianza en que de vez en cuando pasa un tren por ese lugar.

Existen dos experimentos que son un clásico y contra estos dificilmente se puede razonar en su contra. El primero consiste en arrojar al suelo todas las fichas del Domino y esperar a que estas se coloquen correctamente. No en su caja, más bien que cada puntuación coincida con la suya, llegando a formarse casualmente el juego. Pueden esperar todos los millones de años que deseen. El otro es el exitoso experimento de Francesco Redi “demostró que los insectos no nacen por generación espontánea”. Lamentablemente  a pesar de ese avance  “la gente seguía creyendo en la generación espontánea”, y además “se vio obligado a admitir que en ciertas ocasiones sí se podía dar la generación espontánea”.

Mas tarde Pasteur dejo fuera de dudas cualquier resquicio sobre la  supuesta vida espontánea. En 1864 dijo: “Nunca se recobrará la doctrina de la generación espontánea del golpe mortal que le ha infligido este sencillo experimento”. Y así sigue siendo.

La Biblia no es un libro de Ciencia. Es un libro concebido con dos ideas básicas.  La primera educarnos moralmente desde el punto de vista del Creador, y luego dar a la humanidad las instrucciones necesarias para que puedan ser salvas. Sin embargo la Biblia es singular al momento de hablar algún matiz que pertenezca al campo de la Ciencia. Es como si quisiéramos meter la pelota en el agujero más lejano con el primer golpe. Cuela a la primera.

Una de las primeras leyes científicas descritas en la Biblia es esta: “Todo objeto sobre el que cayere uno de estos cadáveres será manchado; y los utensilios de madera, vestidos, pieles, sacos, todo objeto de uso, será puesto en agua y será inmundo hasta la tarde” Levítico 11:32.

Palabras que describen el cuidado que debían tener con todo aquello que tocara un cadáver. Escritas, supuestamente, cerca del 1450 antes de Jesucristo (era común) y unos 3200 antes de los modernos descubrimientos sobre la cuestión.

Ciencia, fe, y Dios.