Tal vez tengan una dislexia orientativa los que opinan sobre si existe o no existe Dios. Una ‘fe’ acompaña al ser humano desde el mismo instante en que nace, y es la creencia que acompañará toda la vida al nacido.
¿Qué pruebas tiene cualquier hijo de estar seguro de que sus padres ‘son quienes dicen ser’?*
Hoy podemos recurrir a pruebas de ADN para confirmar la paternidad de cualquier individuo, pero durante toda la historia pasada se ha estado practicando una autentico acto de fe en este sentido. Este tipo de fe la cultivamos desde el mismo instante en que tomamos conciencia de ello.
En base al ejemplo del niño, ¿que fue primero las matemáticas o su interpretación?
Parece evidente que lo que entiende el Ser Humano como matemáticas ya existían cuando el vino a existir. Por ejemplo, se descubrió la gravedad, pero esta ya ejercía desde que la Tierra existe. El planteamiento adquiere, en mi caso, profunda fuerza cuando pienso que las ciencias exactas debieron de existir incluso antes de la misma vida tal como la observamos. Por ejemplo ya existía la energía solar, o la energía eólica. Por no citar algo tan sencillo como el peso exacto de cualquier piedra.
Esto debería de ser, aunque yo piense que es, un pilar del conocimiento humano, ya que las matemáticas así como otras ciencias de cálculo, por lógica, no pueden ser casuales. Alguien tuvo que ‘inventarlas’ para que luego el Ser Humano, más bien que el primate, a menos que se demuestre lo contrario y es evidente que no hay pruebas empíricas que lo confirmen, descubriera e interpretara gradualmente este fantástico mundo.
Pero esta fe no es la fe que la Biblia anima a buscar. Pero ayuda. Las Sagradas Escrituras encomian al lector, al estudiante, a entender esa fe que le permite confiar tanto en el Creador así como también en las profecías que cumplen con su propósito.
Ya ven, es muy fácil pasar de un tema ‘científico’ a un tema ‘religioso’. Pero la razón, la Sinceridad Empírica, debería reconocer algo: las ciencias se interpretan, el hombre nunca las invento. Sin embargo en los últimos 250 años la imaginación, la fantasía, y la envidia, han inventado teorías e hipótesis como para intentar hundir la procedencia de las ciencias exactas.
¿Qué pruebas tiene cualquier hijo de estar seguro de que sus padres ‘son quienes dicen ser’?*
Hoy podemos recurrir a pruebas de ADN para confirmar la paternidad de cualquier individuo, pero durante toda la historia pasada se ha estado practicando una autentico acto de fe en este sentido. Este tipo de fe la cultivamos desde el mismo instante en que tomamos conciencia de ello.
En base al ejemplo del niño, ¿que fue primero las matemáticas o su interpretación?
Parece evidente que lo que entiende el Ser Humano como matemáticas ya existían cuando el vino a existir. Por ejemplo, se descubrió la gravedad, pero esta ya ejercía desde que la Tierra existe. El planteamiento adquiere, en mi caso, profunda fuerza cuando pienso que las ciencias exactas debieron de existir incluso antes de la misma vida tal como la observamos. Por ejemplo ya existía la energía solar, o la energía eólica. Por no citar algo tan sencillo como el peso exacto de cualquier piedra.
Esto debería de ser, aunque yo piense que es, un pilar del conocimiento humano, ya que las matemáticas así como otras ciencias de cálculo, por lógica, no pueden ser casuales. Alguien tuvo que ‘inventarlas’ para que luego el Ser Humano, más bien que el primate, a menos que se demuestre lo contrario y es evidente que no hay pruebas empíricas que lo confirmen, descubriera e interpretara gradualmente este fantástico mundo.
Pero esta fe no es la fe que la Biblia anima a buscar. Pero ayuda. Las Sagradas Escrituras encomian al lector, al estudiante, a entender esa fe que le permite confiar tanto en el Creador así como también en las profecías que cumplen con su propósito.
Ya ven, es muy fácil pasar de un tema ‘científico’ a un tema ‘religioso’. Pero la razón, la Sinceridad Empírica, debería reconocer algo: las ciencias se interpretan, el hombre nunca las invento. Sin embargo en los últimos 250 años la imaginación, la fantasía, y la envidia, han inventado teorías e hipótesis como para intentar hundir la procedencia de las ciencias exactas.