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EL IMPACTO.
En el relato ubicado en el libro profético de Daniel capítulo 2 versos del 3 al 9 se narra como el monarca babilonio Nabucodonosor tuvo un sueño que no le dejaba dormir, pero al mismo, el monarca no conseguía acordarse de ese sueño. Sus sacerdotes no tenían ni idea de que trataba ese sueño, estaban trastornados. Sus vidas corrían peligro. Entonces, gracias a la Divinidad del Santo Dios de los hebreos, Jehová, el profeta Daniel entra en escena.
En los versículos 29 al 35 del mismo capítulo se narra cómo Daniel le explica a Nabucodonosor el sueño que tuvo y que no conseguía acordarse y que al mismo le atormentaba. Los versículos 36 al 45 el profeta explica al monarca babilonio lo que significa ese sueño, su interpretación.
¡Efectivamente, cuánto sosiego mental debió de tener el monarca al escuchar esas palabras inspiradas!
Como estudiante me concentro en dos puntos que siempre me han llamado mucho la atención. De un lado el versículo 34 dice: “Mientras mirabas, se cortó una piedra, aunque no con manos humanas. Y esta golpeó los pies de hierro y barro de la estatua y los hizo añicos.” Estas palabras forman parte del sueño que tuvo, pero ni este verso ni su contexto cercano dicen que el resultado del impacto fuera instantáneo. Luego, cuando Daniel le explica en qué consiste ese impacto se lee lo siguiente en el versículo 44: “En los días de esos reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será destruido ni pasará a manos de ningún otro pueblo. Este reino hará añicos y pondrá fin a todos esos reinos, y será el único que permanecerá para siempre”.
El segundo detalle que me “quita el sueño” son los dedos de los pies. ¿Por qué Daniel no habla nada de los dedos cuando le narra el sueño a Nabucodonosor para que lo recordara y sí cuando le habla de su interpretación? esta diferencia me llama muchísimo la atención.
¿Equilibrio?
En la anatomía del ser humano los dedos de los pies permiten en gran medida el equilibrio de su cuerpo. Me pregunto si tiene sentido que, adrede, apropósito, -y tal vez-, la estatua no será derribada instantáneamente al momento de ese impacto profético, precisamente porque ¿los dedos en los pies permiten cierto “equilibrio” a la estatua simbólica?
¿Por qué tengo esta idea? Porque la frase “en los días de esos reyes” no es precisamente un instante, si no más bien un lapsus de tiempo, aunque sospechado, no especificado. Eso sí, cuando ocurra el cambio se producirá de manera fulminante. Rápidamente.
Además, como estudiante del Evangelio Sinóptico no puedo dejar de preguntarme si algunos detalles de esa profecía, como el supuesto equilibrio de la estatua simbólica, pudieran tener algo que ver con las enseñanzas de Jesús dadas a sus discípulos y que alcanzan nuestros cercanos futuros días.